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Uno de sus recursos contra la sordera fue la intensa atención que ponía en los ensayos.
Aquel solo de flauta no era tan misterioso como todos (público y crítica) se complacían en tildarlo.
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Me recuerda a la manida frase de san Agustín cuando trataba de expresar su concepto de tiempo sin que por ello se le cuajase el líquido cefalorraquídeo: «Si no me lo preguntan, lo sé; pero si alguien me pide que lo explique ya.En 1835, contando con treinta y un años, el francés estaba en el punto álgido de su desesperación.Trabajo de investigación fin de carrera, 2013.Ella, musicóloga, defendía una tesis inversa que se parecía a la de un segundo parto: si la obra que se creaba no era luego interpretada no había nacimiento completo.Acababa de llegar a Los Ángeles para establecerse definitivamente en la ciudad y debía aprovechar el innegable tirón de su apellido, con o sin Herr.En efecto, las palabras se las lleva el viento.Beethoven solía practicar su golpe de derecha en aquel exacto lugar.El 24 de noviembre de 1903 (44 años) ya había dado cuenta de Tosca, La bohème, Manon Lescaut y un ala y media de Butterfly.

Así lo explicaba el padre de la criatura: «Mi Décima sonata es una sonata de los insectos.
Esto era tanto un grito de paz como de guerra.
El primero lo hizo en 1829, tras el estreno de su ópera Guillermo Tell, con treinta y siete años; el segundo treinta y nueve años después.


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